Este estudio resalta que la educación inicial es un proceso compartido donde la familia actúa como el primer escenario de socialización. La investigación propone una estrategia basada en proyectos lúdico-pedagógicos y talleres de disciplina positiva para involucrar a los padres en el desarrollo de hábitos, valores y neuroeducación. Los resultados demuestran que, al integrar los saberes familiares en el plan de estudios, se logra una convivencia más armoniosa y se potencian las destrezas, habilidades e intereses de los estudiantes de manera significativa.